Volviendo a la encíclica de Pablo VI, Evangelii Nuntiandi, Martínez Sistach recuerda que «en las grandes ciudades, la misión de la Iglesia se propone como contagio, como capilaridad. (…) Pablo VI decía en Evangelii Nuntiandi ‒documento actualísimo‒ que “la Buena Nueva debe proclamarse ate todo mediante el testimonio”. Y se produce una irradiación cuando, dentro de una comunidad humana ‒la gran ciudad‒, hay un grupo de cristianos ‒la Iglesia‒ que manifiesta una comunidad de vida, de fe y esperanza, o sea, una identidad cristiana».*
Como catequistas no debemos quedarnos solamente “dando catequesis”. Ciertamente debemos formar un equipo, pero algo más o diferente a un equipo de trabajo o a un equipo docente: una comunidad en la que compartamos fe y vida o, al menos, que formemos parte de algunas de esas pequeñas comunidades que hacen de nuestra parroquia o de nuestro colegio católico una “comunión de comunidades”. Catequistas, testigos de la Buena Nueva tanto personal como comunitariamente.
|
|