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  • Fecha de creación 5 enero, 2021
  • Última actualización 5 enero, 2021

En el umbral de una espiritualidad viatoriana. Pedro Laur

Desde hace dos décadas tratamos de abrir nuevos caminos viatorianos en la selva de nuestro mundo contemporáneo. No será fácil hacer revivir una inspiración querbesiana que Roma enterró. Los Asociados y Religiosos de Chile manifestaron el deseo de profundizar la “espiritualidad viatoriana”. Las páginas que siguen vienen de la remodelación de un texto que fue entregado a la Región de Chile. Muchos elementos han sido eliminados para tratar de centrarnos sobre una espiritualidad que tiene sus fuentes en el Fundador. Aunque se hable de “espiritualidad viatoriana” no integra, por falta de tiempo y de documentación, las riquezas de nuestras tradiciones a lo largo de ciento cincuenta años de vida después de la muerte del fundador. Jean Marie Roux cita en unos de sus textos de gran intuición teológica a Hervé Stephan, antiguo superior de los Asuncionistas: “No son tanto los textos los que nos fundan, es este hombre”. Hablaba de Emmanuel d’Alzon el fundador de su instituto. Dice J.M. Roux “Este hombre, para nosotros es el Padre Luis Querbes“. Es pues una invitación a leer de nuevo su vida. Robert Bonnafous, lo hace actualmente, con una exégesis rigurosa, escribiendo la vida crítica del Fundador. Hemos de hacer, con esta historia, una lectura hermenéutica orientada a sacar para nuestro “hoy” una aplicación concreta y dinámica de lo que inspiró en su tiempo al P. Luis Querbes: su pasión por Dios, por sus hermanos, el “sentimiento de la presencia de Dios”, su voluntad de construir el Reino apoyándose en la educación, la catequesis y un culto vivo y festivo... Aquí ensayamos unos balbuceos. Encontraremos algo, muy breve, de historia. Nos recuerda que nuestro hoy tiene raíces en un pasado que dinamizará nuestro futuro. Hemos repetido demasiado que no teníamos una identidad muy marcada como Viatores. Sin embargo, Querbes soñó la Sociedad de San Viator y su fuerte personalidad dejó huellas profundas en función de una misión definida. Para dinamizarla, le da las bases de una espiritualidad vivida y concreta que nos debe servir de guía. Es lo que nos da un espíritu propio y que nos tipifica. Si nuestra normal misión es la de ser “Catequistas”, “hombres y mujeres litúrgicos”, nuestra espiritualidad ha de encarnarse para dinamizar esta misión en una “vida de fe ilustrada y de celo ardiente”. Existen muchas maneras de cumplir los ministerios que nos fueron confiados, cuando aceptamos vivir el carisma viatoriano. Bajo la “bandera de Viator” y como educadores, nos consagramos especialmente a ”la juventud pobre”. Somos “comunicadores de la Palabra, leída, profundizada y celebrada”. Es nuestra vida, es nuestro espíritu. Por consiguiente, estas son las fuentes de nuestra “vida espiritual viatoriana” . Recordaremos aquí, según las repetidas invitaciones que nos lanza el último Capítulo general que nuestra fuerza, como asociados y religiosos, es la contemplación. Si este trabajo es una descripción de lo que podría ser una espiritualidad viatoriana, es también, y quisiera ser, sobre todo, un instrumento y una invitación para adentrarnos en la oración. “El sentimiento de la presencia de Dios” nos ayudará a vivir nuestra vocación viatoriana en el seno del mundo actual. El Espíritu nos irá recreando.

Pedro Laur, csv.